Pidiendo un adiós

Lo siguiente es algo de lo último que escribí al amor de mi adolescencia y primeros años de adultez. Fue una manera de pedir un adiós que en retrospectiva sólo era autoflagelación, un peldaño en medio de un camino totalmente incorrecto. Un camino incorrecto que me mostró la persona que deseo ser, uno por el que descubrí que no tiene sentido cargar culpas o frustrarse por mucho tiempo, que los años pasan muy rápido y sólo hay una vida.

Pidiendo un adiós

Entiendo que no me necesitas, que ya no me quieres,
comprendo que me odias, que no te repones,
que las heridas que te hice son muy profundas.

Sé que no quieres verme, que no te apetece hablarme,
que no te nace escribirme, pensarme, amarme;
lo entiendo perfectamente.

Aquello que no comprendo es tu caliente mano tocando mi piel,
tus húmedos labios estremeciendo mi ser,
no asimilo las caminatas infinitas de esperanza,
las acciones, las palabras que por destellos exclamas.

Sé que probablemente merezco sufrir mucho más,
pero dime, dime de una vez por todas que no me necesitas,
dime que se esfuma mi presencia de tu ser,
dime que la vida te ha traído mejores tiempos,
dime que nuestras sombras andan en sentidos opuestos.

Dime que ya no me amas, que me has olvidado,
que los luceros ya no tienen envidia,
que no habrá más anécdotas que contar ni problemas por reconciliar,
tan sólo dime que no hay más tu y yo.

Julio César

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Laguna

Cerca al ocaso, caminando de la mano, una pequeña ciudad y su laguna siendo testigos de aquel par. Aquellos conociéndose, riéndose de las casualidades. Con la cara roja y una mano temblorosa sujetando una pequeña hoja de papel, pidiéndole a ella un minuto para su recital. Fue este el simple protocolo para hacerle saber cuánto quería quererla, tal vez de la única forma en la que él sabía expresarlo.

Laguna

No pienso, no existo. Luego te veo y mis ojos brillan,
y las noches frías se vuelven tibias, y caigo en la cuenta de que los años
pasaban y nadie venía.

De pronto un día conmigo a solas, se apagan las luces y con humedad en la frente me pides inesperadamente una salida.

Pasa un minuto y no despierto, mi piel tiembla, una arritmia de mi se apodera. Mi mundo cambia, el yo termina.

Somos nosotros, un par que no conoce lo que se avecina; pero no importa, nada importa si me miras y me besas y de la mano me tomas; y los nervios me colman, si vivimos ahora lo que aguardó mil vistas y cero palabras.

Te quiero, y con un contexto nuevo; no pienso, no existo, mis ojos brillan y las noches frías se volvieron tibias.

Julio César

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Realidad II

Entonces, te das cuenta que todo acabó y que no hay más que hacer, que no hay más que quieras hacer. Finalmente, decides dejar de pensar en el hubiera y continúas tu vida, que no importa cómo, siempre tiene sorpresas maravillosas si no te aferras a un lugar al que sólo la costumbre disfrazada de amor te intenta atar. Por supuesto, hablar en retrospectiva es más fácil, pero el dolor de haber escrito lo siguiente ahora sólo es un lindo sentimiento de nostalgia. Además, estoy convencido que un día escribiré algo similar sólo una última vez.

Realidad II

El carmín del ocaso pintando el cielo con intrincadas trazas,
los pequeños jugando con las mariposas blancas,
el agua grita al tropezar con las más fieles rocas del río,
el alegre cantar entre el mar de concreto de un libre estornino,
las horas yendo de un lado a otro al compás de mis pasos,
sinfonías interminables aligeran la espera de amores tardíos.

Y llegas por fin, y me miras, y me escuchas, y me tomas…

Mi corazón se rompe y mis ojos lloran, mis manos tiemblan
y los astros se apagan pues la espera no termina;
la noche llega, las aves duermen y el río se seca.
No arribas, ni te encuentro, ni me buscas, ni me amas;
ni amamos, ni las ilusiones claman por el encuentro que entrena,
cuya lucha pasa, y la victoria cesa, y la demora se vuelve eterna
.

Julio César

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La biblioteca

La nostalgia es fuerte, es comida para la imaginación. Es el recorrido mental de una biblioteca empolvada, de un faro cortándote la pierna con las piedras afiladas de su orilla, es un perrito con patas chuecas persiguiéndote en una casa que ya tiene otro dueño; es el miedo de tener la cabeza sumergida por la mano de tu padre en la costa veracruzana. Es el sudor de dos manos entrelazadas atravesando un mar de baches de una ciudad cualquiera en un país cualquiera. La nostalgia es motivo suficiente para escribir, para recordar.

¿Y escribir? Para ser feliz…

La biblioteca

Símbolos ilegibles bajo nuestras plumas, un par de suspiros causados por ecuaciones inentendibles.

Un beso bajo tu oreja, cerca de la comisura de tus labios, en el pliegue central del costado derecho de tu cuello.

Entrelazando mis manos alrededor de tu abdomen, el aroma característico de tu piel, las anclas sobre tu sudadera.

Un par de cuadernos sobre la mesa y las miradas de nuestros fans alrededor,
yo recibiendo de recompensa un apretón en el brazo, tu aliento y su vahar sobre mi cuello.

Un te quiero.
Un beso.

Ingenuos, felices, fingiendo regresar a la lectura.

Julio César

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Aquella lluviosa tarde

Una ciudad casi vacía debido a la lluvia, una tarde de pizza y chocolate, un intento fallido de ser amigo de un amor pasado. El dolor inmenso de estar físicamente cerca de alguien pero tan lejos emocionalmente. Eso es este poema, la impotencia de no poder tomar del brazo a tu amada y girarla para decirle ¡No te vayas!

Al final, seis años después y la vida misma terminaron curando todo, los amores si se pueden volver amistades; y los dolores, grandes recuerdos.

Aquella lluviosa tarde

Aquella lluviosa tarde temí perderte para siempre,
temí no volver a escuchar a tu boca decirme te amo,
temí no ser más el hombre perfecto para ti,
temí no volver a tomarte de la cintura, besarte y decirte al oído cuánto me importas
.

Fue aquella lluviosa tarde bajo tu paraguas que temí que la vida me arrebatara tu compañía, tus carcajadas extrañas y sonrisas sinceras; la mezcla de ternura, gracia e inmadurez de la que me enamoré bajo el marco de una lejana puerta escolar.

Aquella lluviosa tarde fue, en la que me despedí con el corazón agitado, gritándome y exigiéndome que no te dejara ir, te aprisionara del brazo y te besara hasta que ya no fuera una lluviosa tarde.

Julio César

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Cartas varadas I

Soy un aficionado a la poesía; a leerla, pero mucho más a intentar producirla. Sin embargo lo que más he escrito a lo largo de mi vida han sido cartas de amor, muchas de ellas descansan en mis recuerdos, otras definitivamente olvidadas y con suerte, unas pocas arrugadas en alguna caja vieja debajo de una cama.

Y así como guardo una colección de poemas que nunca pude hacer llegar, también guardo cartas de amor y disculpa que tristemente no logré entregar. La mayoría porque me encontraba en tiempo o espacio distinto de aquellas chicas a las que debieron pertenecer y otras por simple falta de valor e iniciativa. Finalmente me daré la oportunidad de publicarlas como una serie dentro de este incipiente blog, y de alguna manera decirle a mi yo del pasado:

¡Por fin las entregamos!

Cartas varadas I

Todo empezó con el equilibrio de nuestras columnas, atracadas, sujetadas la una con la otra.

Los ojos gigantes de nuestra amiga en común, con la indirecta directa a mi mente ¡Serás de ella!

Luego los libros, pasillos llenos de ellos, conglomerado de personas rodeándonos, con un amante lejano tan cerca de ti. Pero al fin y al cabo, solos tú y yo.

Comida chatarra, cerveza casi hirviendo, una película de pretexto; luces apagadas, una amiga menos, un metro de distancia, y de pronto todo cambió. La iniciativa de tus palabras me inmovilizó y el sí era imparable. Nuestros labios ansiosos por estar juntos finalmente, juntos por primera vez.

Comenzaba la cuenta pendiente, diez mil besos menos uno.

Te quiero.

Julio César

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Realidad

Una mañana despiertas y enciendes tu teléfono, recibes un SMS en el que te desean un lindo día y automáticamente una sonrisa gigante se dibuja en tu rostro. Aún de noche sales de casa, con una bufanda y uniforme escolar, subes a una “combi” que hace de transporte público y después de unos cuarenta minutos, llegas a la escuela; en la entrada del salón te espera una chica hermosa de piel morena y ojos rasgados. Justo antes de besarla suena la campana que anuncia el inicio de clases; despiertas, seis años después…

Realidad

Si preguntan por ti, claro que te conozco
si mencionan tu nombre, por supuesto que alzo la mirada
si roza el viento mi piel, en efecto imagino tus manos
si la llovizna cae, me figuro tu risa en el caer de las gotas
si despierto y no te encuentro, me envuelvo de realidad
nadie me pregunta, no te mencionan, no hay viento, ni la lluvia cae…

Julio César

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Lo que no perece

Recuerdo con nostalgia esa noche, escribiendo con tinta negra sobre papel reciclado, entendiendo que un gran y largo amor había terminado definitivamente. Así fue como nació este pequeño poema que intenta reproducir de forma vaga el estilo de Benedetti.

Al leerlo, pienso en todo lo que el desamor llega a inspirar, induce reflexiones sobre cuándo llega el momento en el que decidimos o sentimos amar a alguien y cuánto tiempo ese sentimiento puede permanecer. A pesar de que por mera probabilidad la mayoría de las relaciones terminan ¿No es lindo escribir un poema imaginando que en cuarenta años tu amada lo escuchará tomada de tu mano?

Lo que no perece

Aunque las llamas se consuman y los ríos se sequen,
aunque las estrellas se enfríen y el oxígeno se agote,
aunque no me busques y yo no te encuentre,
aunque no me extrañes y yo no te recuerde.

Aunque no vuelva a escribirte y tú no vuelvas a leerme,
aunque en estas palabras mi inspiración se esfume,
aunque de mi musa tu papel termine,
aunque los animales perezcan y las flores marchiten.

Aunque nuestras vidas concluyan,
aunque entre huracanes y devastaciones todo se derrumb
e…

Te amaré, indefinidamente.

Julio César

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La caminata

Cuando uno está enamorado, total y absurdamente enamorado; no piensa mucho las cosas realmente, hace lo que sea en busca de la felicidad, el bienestar o simplemente una sonrisa de su enamorada.

Este poema tan simple y hasta un poco cliché nació de un niño de diecisiete años, al que no le importaba jugarse la integridad física con tal de pasar un día al lado de su novia. Tres de la mañana, un celular escondido en el calcetín, zapatos de vestir, suéter ligero y un recorrido de poco más de diez kilómetros entre pueblos y ciudades; nada impidió al adolescente enamorado cumplir sus promesas ni conocer el tipo de amor que desearía toda la vida.

La caminata

En esa cálida y armoniosa noche
los luceros iluminaban mi sendero,
con zapatos y en desvelo
yo avanzaba a tu encuentro.
Ni las piernas temblaban ni los ojos pesaban,
sólo el corazón me palpitaba
y su eco resonaba en las calles solitarias
.

Diez kilómetros se convertían en dos metros,
la madrugada lucía como un soleado día,
animales nocturnos se transformaban en guías,
cada bostezo era entusiasmo; cada paso, alegría
.

¿Que si repito tal travesía? Ni lo dudes,
no hay cantidad suficiente de kilómetros en la Tierra
que arranquen el deseo de verte, caminaría,
nadaría, volaría por tener una efímera mirada tuya.

Julio César

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14102017

Algunos textos nunca llegan a su destinatario, lamentable fortuna le sucedió al poema que será la primera entrada de este blog. Nacido en 2017, en sincronía con una relación también incipiente que al final no pudo llegar a ser y que tal vez ni siquiera llegó a desarrollarse; fue el primer poema y mi favorito de todos los inducidos por aquella pequeña travesía. A pesar del destino que encontró dicha relación, si la vida no fuera de esta manera; creándote ilusiones, generando expectativas, haciéndote feliz y sacándote lágrimas; uno no podría decir que ha vivido y se quedaría sin material sobre el cual escribir ¡Je, je!

14102017

No niego el interés que tuve en los amores que se han ido; te soy honesto
y ahora no negaré la gran necesidad, sed ardiente de saber todo lo que eres.

Las preguntas inflaman mi pecho, ¿Cómo sabré qué blusa te gusta más?
¿Será esta blanca o esta azul? Claro, no lo olvido, ¡Debe ser la azul!
Sencillas, simplonas, banales y aburridas; complejas, extrañas, absurdas y raras
. ¿Tienes fobias que debo saber? ¿Eres alérgica a algo? ¿Te gustan las estrellas?

¿Qué me dices de la luna? ¿Hace cuánto que no soplas un diente de león?
¿Qué edad tiene tu papá? ¿Te gustan las rosas? ¿Frío o calor?
¿Dulce o salado? ¿Hace cuánto que no amas? ¿Soñaste conmigo alguna vez?
¿Ahora lo haces? ¿Mis preguntas son aburridas?

Deseo saber todo de ti como de nadie nunca lo necesité, no es adoración ni cliché o afición. Es curiosidad pura, ganas inmensas de enamoramiento, de grabar en mi ser tú instante o tú eternidad.

Julio César

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